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30 marzo 2026
Las personas que juegan en PC a menudo se encuentran problemas de funcionamiento, como caídas de FPS, microstuttering o tirones en momentos clave de la partida, algo que puede estropear totalmente la experiencia.
Para poder solucionarlo y jugar con fluidez en PC, incluso a juegos exigentes, es fundamental determinar el origen del problema. A menudo, se piensa automáticamente en la tarjeta gráfica, pero también puede darse el caso de que el componente responsable sea la memoria RAM.
En este artículo, repasamos si la RAM influye realmente en los FPS y cómo reconocer de qué componente del equipo viene cada tipo de problema de funcionamiento, algo que te ayudará a elegir la mejor configuración para mejorar el rendimiento de tu PC.
Lo primero es tener claro qué es. La RAM es la memoria en la que el sistema almacena los datos temporales que se necesitan de manera inmediata. En un juego, podrían ser texturas, mapas, físicas, scripts… Cuanto más rápida sea, más fluido será el funcionamiento del sistema.
En gaming, por lo general tenemos tres pilares básicos del rendimiento: la CPU (el procesador, que gestiona la lógica, las físicas y los cálculos), la GPU (la gráfica) y la memoria RAM, que alimenta de datos a CPU y GPU.
En función del tipo de juego, CPU-bound o GPU-bound, puede ser que la RAM tenga mayor o menor influencia. En los casos en los que el procesador limita el rendimiento, el papel de la RAM es más relevante que cuando la gráfica es el problema.
Por tanto, la RAM influye en los FPS cuando el juego depende mucho del procesador, se requiere mucha carga de datos simultánea o la memoria es insuficiente o lenta.
Cuándo la RAM se convierte en el cuello de botella
La RAM empieza a limitar tu PC cuando se acerca al 90% de uso o incluso llega al 100%. En ese momento, el sistema recurre al disco duro o SSD, lo que suele provocar tirones.
Algunas situaciones comunes en las que se puede dar esta situación es cuando se combina el juego con el streaming, el uso de Discord o Chrome, mientras hay muchas aplicaciones abiertas en segundo plano o con juegos modernos que consumen por encima de los 16 GB.
Las señales de que la RAM es el cuello de botella en estos casos serían el microstuttering constante, las bajadas de FPS al cargar nuevas zonas, las texturas que tardan en aparecer o los tirones al moverse por mapas abiertos.
La RAM más adecuada para un PC dependerá del uso que se le vaya a dar.
Hoy en día, 8 GB se quedan cortos para un PC en el que se vaya a jugar, incluso al enfrentarse a juegos medios. Muchos títulos actuales ya superan ese consumo, y con otras aplicaciones abiertas sería muy complicado de manejar.
Actualmente, el estándar son 16 GB, que es una buena configuración para la mayoría de jugadores, con buena fluidez y una capacidad suficiente para soportar la multitarea.
Para quienes buscan un PC gaming con mejor rendimiento, 32 GB pueden ser más adecuados. Son perfectos para juegos muy exigentes, también para combinar con streaming, para la edición o para quienes suelen emplear varios programas exigentes a la vez.
La diferencia de memoria RAM se notará sobre todo en juegos de mundo abierto, que requieren una mayor carga de datos, simuladores y juegos de estrategia, y gaming con multitarea.
Otra cuestión a tener en cuenta en la configuración es si se opta por un solo módulo de RAM o varios.
El single channel consiste en instalar un solo módulo de RAM. Por ejemplo, uno de 16 GB.
El dual channel, por su parte, consiste en usar dos módulos iguales (por ejemplo, dos de 8 GB cada uno), lo que permite un mayor ancho de banda. Así, el dual channel puede mejorar el rendimiento entre un 10% y un 25% en algunos juegos, especialmente en escenarios dependientes de CPU.
Por tanto, además de escoger la capacidad deseada, es importante tener en cuenta que la configuración dual channel puede ser una mejora sencilla y efectiva. Esto implica que, entre instalar dos módulos de 8 GB o uno de 16 GB, funcionaría mejor la primera configuración.

La velocidad de la RAM la indica la frecuencia (MHz). A mayor frecuencia, más datos se procesan por segundo.
La latencia de la RAM (CL), por su parte, es el tiempo que tarda la RAM en responder. Cuanto menor sea, mejor.
Por lo general, una frecuencia de 3200 MHz sería un buen estándar en DDR4. Si lo que se busca es un punto óptimo que equilibre rendimiento y precio, los 3600 MHz son idóneos. En DDR5, por último, lo ideal son 6000 MHz si lo que se busca es un rendimiento muy alto.
Teniendo en cuenta lo anterior, una buena opción en DDR4 sería una RAM de 3600 MHz CL16, mientras que en DDR5 se podría optar por una 6000 MHz CL36.
Puedes comprobar muy fácilmente si deberías considerar ampliar la RAM.
Ve al administrador de tareas cuando estés jugando. Si la RAM está entre el 90% y el 100%, necesitas ampliar.
Si notas microstuttering a menudo.
Si las texturas del juego cargan con retraso.
Si los FPS son inestables.
En cualquiera de estos escenarios, ampliar la RAM debería proporcionarte un funcionamiento más fluido.
Una configuración económica equilibrada sería una RAM de 16 GB (2x8 GB) DDR4 3200 MHz.
Si lo que se busca es una configuración óptima para gaming, lo ideal sería ir a por 32 GB (2x16 GB), DDR4 3600 MHz, lo que proporcionaría un buen rendimiento en relación al precio.
Para un alto rendimiento, la configuración idónea serían 32 GB (2x16 GB) en DDR5 6000 MHz o superior.
No siempre. Solo mejora los FPS si la RAM actual es insuficiente o limita el sistema.
Por lo general, sí. Sin embargo, 32 GB ofrecen una mayor estabilidad en juegos modernos.
2x8GB. El dual channel mejora el rendimiento sin duda
Sí, especialmente en juegos dependientes del procesador.
En algunos casos sí, pero la diferencia no siempre es grande. DDR5 destaca más por su futuro y eficiencia.
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